Feliz 12 de Octubre con orgullo: “Más Allá”

Moto de la Monarquía Hispánica: "Plus Ultra"

Aprendido a “sangre” de pequeño en la voz de Paco Ibáñez que es mi “padre” en la enorme poesía comprometida y bella de mi Patria. No mejor que ninguna, pero la mía, a la que amo profundamente sin una gota de nacionalismo. Viva León, porque me hizo, VIVA ESPAÑA, porque me hace, Viva Europa, porque nos hará, y viva el País Planeta, porque es el único viable. 

Fue en Estados Unidos, una profesora voluntaria de Inglés que era periodista del (entonces auténtico New York Times) la que me enseñó la diferencia entre “patriotismo” y “nacionalismo”. El patriotismo es un sentimiento natural que tenemos todos los seres humanos que tiene que ver con algo ancestral: la vinculación a la tierra, a la tribu, y que ha evolucionado conforme la Humanidad ha ido evolucionando -y está evolucionando- en sistemas de organización social que tiende a la vuelta al mito, pero ya no como “tierra” sino como “Tierra”, ese horizonte único posible: Un país para una Humanidad. Pero la pertenencia se da -se ha de dar, sólo se puede dar- a cada nivel, desde el terruño, a esa esfera azul y maravillosa que es el único mito que la Humanidad ha incorporado a su imaginario que no poseyeron nuestros ancestros.

Pero hoy es 12 de Octubre, Fiesta Nacional de España -no nacionalista ojo, no confundir- la fiesta de la Nación española, ese proyecto común siempre incluyente, como lo han sido pocas naciones en la Historia: Roma, España o de forma más correcta Corona Hispánica, América (EE.UU.) para nosotros… y no encuentro más. Puede quedar uno: Tierra. O dos con una esperanza escasa: China. Lo demás es división, dolor, y aplazar lo inevitable: una Nación global llamada Tierra, o, lo inevitable: La desaparición de la Humanidad. Así lo veo yo, hoy desde mi 12 de Octubre, ese día en que el mundo se hizo redondo, con luces y con sombras como es todo lo humano, pero sin la menor duda con muchas más luces que sombras como demuestra ese eco de 400 millones de hispanoparlantes que comparten no sólo una lengua, sino una forma humanista de ver el mundo, con una cultura que no deja de crecer en una hermosísima diversidad que jamás perdió y que no ha hecho más que crecer y ensancharse. Hoy la “España” que fuimos, la Corona Hispánica, incluyente, donde no había colonias sino Virreinatos y provincias -pese a la propaganda anglosajona-, tiene su epicentro -esto es una hipótesis- al norte de Rio Grande, donde se encuentran la nación utilitarista y racionalista del Norte, con la humanista y vital del Sur, una dialéctica que se da a los dos lados de la frontera. Sólo queda incorporar Oriente. En la Corona Hispánica, estaba también Filipinas -incorporamos Oriente con el mantón de Manila y con el viento fresco y femenino del abanico… Ese es el reto de “hombre” en genérico, o, quizá de la mujer en específico. Quizá la visión global realmente empática sólo pueda venir de esa forma de ser ser humano -de las dos únicas posibles e irreductibles- que es la mujer. Esa mitad de nosotros capaz de pisar el mundo, de andar por la tierra, por la Tierra, siendo dos. La mujer encarna la empatía, porque ve a su mismo cuerpo corriendo, jugando y siendo, otro ser humano distinto a sí misma.

Feliz 12 de Octubre. Día del paso definitivo e irrevocable, hacia una sola humanidad. Feliz Fiesta Nacional de España, desde el patriotismo y jamás del nacionalismo.

Escuché este poema, quizá con 8, 9 años, y desde entonces lo llevo como una segunda piel: Siempre he pensado que resolver España es, en parte, resolver el futuro del mundo. No hay una forma única de hacerlo, cada uno ha de hacerlo resolviéndose a si mismo para disolverse en los demás.

Es curioso hasta que punto los españoles -o algunos de nosotros- olvidamos el lema de nuestra enseña nacional: “Más Allá”.

ESPAÑA EN MARCHA

(De “Cantos iberos”, 1955)

Nosotros somos quien somos.
¡Basta de Historia y de cuentos!
¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos.

No vivimos del pasado,
ni damos cuerda al recuerdo.
Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos.

Somos el ser que se crece.
Somos un río derecho.
Somos el golpe temible de un corazón no resuelto.

Somos bárbaros, sencillos.
Somos a muerte lo ibero
que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero.

De cuanto fue nos nutrimos,
transformándonos crecemos
y así somos quienes somos golpe a golpe y muerto a muerto.

¡A la calle!, que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.

No reniego de mi origen,
pero digo que seremos
mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo.

Españoles con futuro
y españoles que, por serlo,
aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno.

Recuerdo nuestros errores
con mala saña y buen viento.
Ira y luz, padre de España, vuelvo a arrancarte del sueño.

Vuelvo a decirte quién eres.
Vuelvo a pensarte, suspenso.
Vuelvo a luchar como importa y a empezar por lo que empiezo.

No quiero justificarte
como haría un leguleyo.
Quisiera ser un poeta y escribir tu primer verso.

España mía, combate
que atormentas mis adentros,
para salvarme y salvarte, con amor te deletreo.